Tengo el grato honor de anunciarles por fin el estreno de la tan esperada serie de gore y casquería puro y duro. Se llama Misiones Sangrientas. En ella, asaltaremos lugares emblemáticos y no dejaremos títere con cabeza, ja ja.
Hoy empezamos con los miembros de la elitista Asociación de Obesos Insaciables, ubicado en Peña Redonda De Los Jamonos (Navarra). El que menos, ingresa diez mil euros al mes, así que se lo tienen merecido en época de crisis galopante.
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Noticia de Última Hora de lo más desagradable: Croqueta Andarina ha sido agredida mientras se entrenaba.
Ha sido cosa de hace escasos minutos. Nuestra entrañable atleta, Croqueta Andarina, en plena fase de preparación para las series clasificatorias de cara a la Olimpiada, ha sido atacada por un tío bestia.
A continuación ofrecemos las imágenes grabadas por un videoaficionado, de nombre Leopoldo Jamonero.
Testimonios estremecedores del pasado: La carta del burgomaestre Johannes Junius a su hija Verónica.
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| Extracto de la carta original. |
En esta ocasión, este post quiere reflejar la locura desatada en toda Europa durante la llamada Caza de Brujas.
Miles y miles de vidas ejecutadas de manera irreflexiva y sin ningún fundamento, generando un dolor inmenso a los familiares, quienes a su vez debían de huir para no ser relacionados con las personas ajusticiadas en los procesos abiertos en contra de la brujería y la hechicería.
Un país que destacó en las persecuciones y en las atrocidades de los métodos de tortura empleados para conseguir las consabidas confesiones de las personas acusadas de haberse posicionado a favor del diablo, no fue otro que Alemania.
La sinrazón llegó a tales límites, que tanto la gente más humilde como la perteneciente a los estratos sociales más altos podían sufrir en sus carnes los tormentos más salvajes y sádicos. De estos testimonios surgían más nombres de gente acusada, quienes a su vez confesaban ampliando la lista de los nombres de los supuestos practicantes de brujería.
Evidentemente, en Escritos no vamos a especializarnos en artículos de esta naturaleza. Para ello hay compañeros y compañeras con blogs y webs que tratan el tema de la brujería de manera excelente y detallada.
Si expongo este caso, es por la emotividad que transmite la lectura de la carta de Johannes Junius a su querida hija.
Johannes Junius era el burgomaestre de Bamberg, cuyo proceso celebrado en 1628, es descrito en las actas judiciales de la época.
Ahora les dejo con la lectura de la conmovedora carta:
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| Carta original de Johannes Junius a su hija. |
Apuestas ilícitas serbias. (Serbian illegal betting).
Mi sobrino Gurmesindo y su manera de quitarse de encima a su novia del colegio.
Mi sobrino Gurmesindo tiene una admiradora femenina en el colegio donde cursa séptimo desde los ciento veinte últimos años. Se llama Marta. Es una chiquilla muy maja. Rubita. Algo charlatana. Pero en fin, el amor infantil que ella siente por Gurmesindo no es correspondido por este, así que para conseguir enamorarlo un poquillo, la he invitado al castillo de Escritos. Le he dicho que si acude al cocinero Bogus Bogus, este puede prepararle un pastel de Amor al Primer Mordiscazo. Lo malo es que Gurmesindo ha estado atento a la jugada, y a su vez se ha confabulado con Bogus Bogus y con uno de mis zombis de la brigada de la limpieza para conseguir deshacerse de la muchacha. En fin, esperemos que con los años, mi sobrino se deje atrapar por un ligero halo de romanticismo. Si no, será un nuevo solterón dentro del linaje de los Maléficos, ja ja.
Rincones simbólicos y extraños: La colina de las cruces en Lituania.
Es un pequeño montículo ubicado a 13 km. de la ciudad lituana de Siauliai. Según se sabe, la tradición de colocar cruces data desde hace bastantes siglos, siempre cuando el pueblo lituano estuvo oprimido y se rebelaba en las guerras contra sus enemigos. Así hasta la época más cercana, donde el régimen de Moscú quiso en infinitas ocasiones hacer desaparecer la colina al considerarla un enclave simbólico de la resistencia lituana en contra de la imposición comunista. Pero sus intenciones finalizaban siempre en fracasos, pues si aplanaban la colina con el paso de bulldozers, a las pocas horas volvían a surgir cruces anónimas que desafiaban a la dictadura. Finalmente, tras una década de lucha por la supervivencia simbólica del lugar, La Colina de las Cruces fue dejada en paz de una vez, acumulándose ya sin cesar, desde 1985, miles y miles de cruces y demás ornamentos religiosos católicos, dotando a la zona de un cierto aire místico que atrae a miles de turistas que se acercan a la colina como parte de su recorrido por el país.
Torturas psicóticas en la América Profunda.
Es un hecho terrible. Perturbador. Nuestra enviada especial de Escritos de Pesadilla en la América Profunda (USA), la candorosa Croqueta Andarina, nos comunica de la existencia de un demente psicópata obsesionado por los personajes de los dibujos animados de Walt Disney.
Este individuo peligroso secuestra a cualquier inocente niño que pilla fumando a escondidas en los callejones más abandonados, y tras unos días de transformación, los libera, no sin antes colgar en youtube las imágenes que pueden apreciarse a continuación.
El muy desalmado ha cortado las orejas naturales del niño para sustituirlas por unas enormes del ratón Mickey Mouse cosidas a la piel con grapas inoxidables.
Tortura psicótica número dos: “La trompa de elefante disecada”.
En este caso al pequeñuelo le ha sido arrebatada su hermosa nariz, para ser sustituida por una enorme trompa de elefante disecada adquirida en la tienda de un anticuario de la Pequeña Manchuria. Reseñar que la fijación ha sido con el uso de un pegamento industrial, condicionando la vida del niño tanto en su fase juvenil como adulta.
Como siempre, hemos de mantener en secreto la identidad de sendas víctimas por ser ambos menores de edad, aunque Croqueta Andarina es tan metomentodo, que nos comenta que el de las orejas es Mathew Cucumber, de doce años, matón del colegio Saint Drewton, y el de la pedazo protuberancia elefantina, Alex Trinidad, de catorce años y contrabandista de parches de nicotina en el barrio italiano de la localidad de Creature Lane.
Dos jovenzuelos traumatizados para el resto de su existencia. Vilipendiados y burlados por sus ridículas caras, y todo por culpa del torturador psicótico de la América Profunda.
Esperemos que las autoridades locales no tarden en dar con el paradero de semejante monstruo, para así ser obligado a pagar los correspondientes derechos de imagen y de autor de la compañía Disney.
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La leyenda urbana del camión de la basura.
Jooney Barrigodtam llevaba viviendo en los Estados Unidos tres años. Era holandés, de Utrecht para más señas. Tenía cincuenta años y era un decente informático en la programación del antivirus para ordenadores “Kaploski ¡Pom!”. La diminuta sede era una simple oficina en un edificio descomunal situado en pleno ombligo de Manhattan. Aún así, Jooney, por los precios tan disparatados de alquiler en los pisos y cuartos ofrecidos por las bolsas de las inmobiliarias, y dado que como mucho pensaba vivir unos cinco años para luego retornar a su tierra natal, decidió vivir en Long Island. En el pueblo de Little Orange se sintió como en su propia casa, pues había una comunidad de holandeses de lo más apreciable. También había una taberna, la del Techo Verde, donde se reunían todas las tardes noches y en especial los domingos. Jooney disfrutaba bebiendo cervezas en toda su variopinta de gamas etílicas. Estaba soltero, no tenía novia, así que luego cuando volviese a su pequeño apartamento de cuarenta metros cuadrados no tendría que rendir cuentas a nadie.
Así que Jooney bebía y bebía. No se abstenía ninguna tarde.
Todo sucedió en un viernes de sus habituales cogorzas vespertinas. Llevaba bebidas unas ocho jarras y un par de coca colas con brandy de colofón final, cuando se despidió de sus colegas y afrontó las calles con paso lento y ligeramente bamboleante. Tardaría veinte minutos en llegar a casa. Nada más hacerlo, intentaría colocarse el pijama para luego dormir de un tirón. Al día siguiente tendría que levantarse a las ocho de la mañana para acudir a la empresa con una resaca apreciable. Afortunadamente eso no influía más tarde en su habitual aporreo sobre el teclado del ordenador.
Jooney silbaba y se reía a lo tonto. Era el hombre más feliz del momento. Eso sí, sentía una incomodidad en la vejiga. Estuvo por desandar los metros que había recorrido desde la taberna para ir a los servicios, pero vio un callejón sin salida cercano y decidió aliviarse ahí mismo, en plena intimidad callejera.
Enfiló su caminar todo decidido hacia la entrada a la callejuela estrecha y maloliente. Mientras lo hacía, fue tirando de la bragueta de los vaqueros hacia abajo. Sería aparcar y regar, ja ja, pensó, soltando una carcajada.
Rodeó un cubo de basura. Entre este y un enorme compactador de basura había el hueco suficiente para arrimarse a la pared y soltar un buen chorro de orina cervecera.
Empezó a concentrarse en ello, cuando percibió una serie de pisadas de procedencia dudosa. Su mente embotada no pudo precisar si venían desde la calle principal o desde las sombras del callejón. Lo único seguro es que se estaba acercando alguien.
– Déjenme mear en paz. Luego el sitio estará disponible para vuestra cistitis… – rió con ganas.
De repente fue sujetado por varias manos enguantadas en cuero negro. El chorro de la orina empapó su pernera derecha del pantalón, cosa que le irritó.
– ¡Gilipollas! ¡No me toques!
Sin miramientos, su cara fue estampada contra la pared enladrillada, obligándole a cruzar los brazos por detrás. Quiso separar los labios para protestar airadamente, pero unas manazas le mantenían aplastado contra la pared ejerciendo presión sobre su cogote. Notó como le maniataban con una especie de lid de plástico.
En ese instante le dieron la vuelta. Jooney atisbó por un fugaz instante a tres figuras vestidas de negro y con pasamontañas.
Le apuntaron con una linterna directamente a los ojos para cegarle la visión.
– ¿Qué demonios sois? ¿Y a qué viene esto?
Dos de los individuos se le acercaron mientras el tercero continuaba deslumbrándole con el haz intenso de la linterna.
Jooney fue obligado a abrir la boca para serle introducido un trapo húmedo en la cavidad bucal. Luego le pusieron cinta de embalar alrededor de las mandíbulas, dando cuatro vueltas hasta asegurar que no podría reproducir el menor sonido de queja o de auxilio.
Acto seguido le maniataron los pies.
Cuando terminaron de inmovilizarle, los tres se rieron con ganas. Jooney tenía el pito salido, y uno de los extraños se lo introdujo en el pantalón y le subió la cremallera de la bragueta. De nuevo más risas.
Fueron unos escasos segundos en los cuales Jooney pensó que se trataba de una broma pesada de los amigos de la taberna, y por eso ladeó la cabeza en repetidas ocasiones, como diciéndoles: “vale, todo muy divertido, pero ahora soltadme, que tengo ganas de dormir la mona”.
Los tres hombres ya no rieron más. Alzaron la tapa del contenedor de basura para acto seguido, entre los tres, con ciertas dificultades, coger el cuerpo de Jooney en vilo en horizontal y dejarlo caer en su interior.
Jooney notó la basura rodeándole. Y también la llegada de la oscuridad al ver que la tapa bajaba de golpe para dejarle encerrado dentro del contenedor.
Mordió con fuerza el trapo mojado que hacía de mordaza, con el corazón palpitándole a mil por hora.
Aquellos desgraciados iban a dejarle ahí. Y el camión de la basura llegaría en menos de media hora.
Jooney hizo lo posible por desatarse. Sudó como un cerdo, pero todo fue inútil.
Su destino era morir asfixiado y triturado dentro de las tripas mecánicas del camión de la basura.
Un triste destino final sin lugar a dudas.
Además de lo más terrible.
Y la constatación de que la leyenda urbana del camión de basura estaba siendo alimentada por la mente asesina de aquellos tres psicópatas.
Existe entre los asiduos a las tabernas de Long Island (Estado de Nueva York), la leyenda urbana local de ser atacado por unos extraños en un callejón sin salida que atan de pies y manos a la víctima, además de amordazarla, para luego dejarla introducida dentro de un contenedor de la basura para que así sea recogida por el camión y muera asfixiada y triturada en el interior del mismo.
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