“Juguemos a las canicas” es uno de los primeros relatos cortos publicados en el nacimiento de Escritos de Pesadilla. Como suelo hacer ocasionalmente con las historias antiguas, le brindo una segunda oportunidad para ser disfrutada o maldecida por ustedes, mis leales y viscerales lectores, je, je. El texto no ha sido necesario retocarlo, pues he observado que no lo precisaba, pero sí el envoltorio, acompañado de tres ilustraciones. En fin, es la hora del recreo escolar. El momento de entrechocar las canicas…
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¡Llegan los Sanfermines 2015! ¡Hay que mantener contentos a mis empleados mal pagados, je, je!
Comentario de un lector que será tenido muy en cuenta…
Gracias por el interés, Ahora Ya Radio!
Hola, queridas lectoras, y también lectores.
Me es grato comunicaros el gran interés que ha puesto la emisora de Ahora Ya Radio en emitir relatos de nuestro rinconcito. Que conste que son ellos los que han movido todo el tema. Ya sólo por eso, aunque al final se decidiera que no reuniesen la calidad necesaria para ser radiadas (el pesimismo anida en mi desde que me atropelló un hipopótamo medio chiflado del circo Glorius), el agradecimiento es enorme por mi parte.
Ahora el quid de la cuestión es que tengo que narrarlos, je je. Veremos lo dicho, a ver si todo sale bien y no hay lanzamientos de hortalizas pútridas en cuanto alguien me vea por la calle y me reconozca por la voz…
Pues lo dicho, a sintonizar Ahora Ya Radio. Ojalá que sea una colaboración de lo más fructífera.
http://www.ahorayaradio.com/
El impulso
No lo pudo soportar más. Los dos hijos que tuvo con Alina nacieron malditos. Imperfectos. Tuvieran los años que tuvieran, siempre iban a parecer niños de cinco años. No servían de ninguna ayuda para sacar la hacienda adelante. Él, Patriard, quien antes de tener progenie presumía en las tabernas del valle de su sana y contundente virilidad, ahora esquivaba los lugares públicos porque se sabía que era objeto de continuas murmuraciones, burlas y conmiseración por parte de sus antiguos amigos, vecinos y resto de habitantes de la zona. Se volvió una persona muy huraña, distante de todo contacto íntimo con su mujer, centrado en la dura labor de la mera subsistencia, con dos hijos que eran una rémora para la débil y modesta economía familiar.
En cuanto mencionó estas últimas palabras, su figura se desvaneció con la nitidez del vapor del agua hirviendo frente a una corriente de aire. Patriard no tardó en escuchar las voces de los compañeros del cazador muerto, y para cuando quiso darse de cuenta, los tuvo a los cuatro arremetiendo contra su figura, con los cuchillos, los machetes y las hachas destellando sus filos recién afilados, iracundos todos ellos porque pensaban que había sido él el autor del crimen.
Sus posiblidades de huída fueron nulas y tampoco iba a disponer de la más minima opción de poder defenderse. Pasados unos pocos segundos, entre la tupida maleza, los restos de su cuerpo se mostraban diseminados empapados en los charcos de su propia sangre, cumpliéndose el deseo de la aparición surgida con forma de religioso. Aunque esto último era una burla, porque de donde procedía aquel ser, la maldad pululaba a su antojo.
Inductores de la maldad
Aquellas dos figuras se mostraron ante los habitantes de aquella localidad en semejanza física a ellos.
Si te da por conducir una apisonadora… sólo hazlo habiendo bebido agua del grifo.
Especial Navidad: "El usurpador de mentes".
En estas navidades reedito la publicación de mi relato más exitoso a nivel de webs de relatos de terror, además de haber sido emitido en su momento por una emisora de radio cántabra. Digamos que es lo que más se salva de la mugre que escribo.
Por cierto felices fiestas y que se pasen cuanto antes, además de la estupideces esas de una buena entrada de mierda de año 2015.
– Fuiste tú. Eres el asesino. El responsable de su muerte – me susurró una voz en el interior de mi cabeza.
El error de Bertelok
Bertelok era un demonio menor de la discordia. Su objetivo principal consistía en sembrar el caos y la incertidumbre en el discurrir de las andanzas de los seres mortales. Amén de recolectar almas para el fuego eterno. Su diferencia con el resto de los miembros del inframundo pecaminoso era una habilidad singular que le permitía adoptar una figura normal con apariencia humana, sin necesidad de tener que poseer un cuerpo verdadero.
El gusano
Era un impulso desconocido que le asaltaba cuando menos se lo esperaba. Repentinamente su mente se ponía en blanco. Su cuerpo se paralizaba, hasta recostarse en el suelo. Seguidamente juntaba los brazos contra los costados. Otro tanto las piernas. Y con un esfuerzo ímprobo se desplazaba reptando, causando estupor en quienes le rodeaban…
– Me llamo Patricia Limms.
– Tu nombre familiar. Con el que sientes confianza entre los tuyos.
– Patty.
– Bien, Patty. Tienes treinta años. Trabajas de administrativa en una empresa de seguridad.
– Si.
– ¿Estás satisfecha con tu lugar de trabajo?
– Si.
– ¿Te llevas bien con tus superiores?
– Si.
– ¿Cómo dirías que es tu relación con el resto de tus compañeros?
– Neutro.
– No tienes mucha afinidad con ellos.
– Me limito a mi trabajo. No me pagan por hacerme amiga de los demás empleados.
– Estás soltera.
– Si.
– Y eres hija única.
– Si.
– Háblame de tus padres.
– Ambos están muertos.
– Profundiza un poco más, quieres.
– Mi madre murió cuando yo tenía cinco años. De cáncer de mama. Era maligno. Mi padre falleció el año pasado, de un ataque de miocardio. Tenía sobrepeso y la presión muy alta. A pesar de mis advertencias, no se cuidaba en lo relativo a la dieta ni en la práctica activa de ejercicio físico.
– Bien, Patty. Veo que llevas una vida algo solitaria.
– Se puede considerar así.
– Pero tendrás alguna persona que forme parte de tu círculo de amistades.
– Las tengo contadas.
– Bueno, a veces es mejor tener pocos amigos, pero que sean fieles y de confianza.
– Da lo mismo. Siempre terminarán traicionándote.
– No se puede ser tan negativa, Patty.
– El ser humano es nocivo. Somos descendientes de bestias, y como tales, buscamos el beneficio propio, en menoscabo del resto. Si yo triunfo, qué más da lo que les suceda al resto.
– Es una opinión muy personal, Patty. Demasiado egoísta por tu parte, si me permites mi simple punto de vista.
– ¿Sabe lo que le digo?
– No, Patty.
– Que ya estoy harta de esta sesión de hipnosis. Es más, le he estado siguiendo el juego para servirme de usted.
– Cómo.
– Fíjese en mis ojos. Usted será lo que yo desee que sea. En el momento que yo lo estime oportuno. Las veces que yo quiera que lo sea usted al día. Delante de sus conocidos. Y de gente ajena a su entorno.
“Usted será mi gusano.
“Una lombriz enorme que se arrastrará sobre su estómago…
Aquella sensación de desasosiego…
La obsesión por avanzar centímetro a centímetro.
De manera trabajosa.
Sudando como un cerdo.
Reptando como un animal invertebrado, blando, alargado, contráctil y sin extremidades, conforme los compañeros de profesión observaban su insólito comportamiento en la convención de psicoanalistas de Boston.
En aquel instante era un mero gusano…
Huyendo de la sensación de ser pisoteado por la suela de un zapato gigantesco.



























