Después de la bromita hecha a los dos primos de Pechuga con la falsa exhibición de la película de los “300”, servidor se encontraba algo achispado por el litro de sangría ingerido. Me sentía en una nube. Hacía mucho tiempo que no cometía una tropelía terrible. Yo, que por algo me llamo Robert, “El Maléfico”. Así que urdí por mi cuenta un plan de lo más maquiavélico. En realidad era bastante sencillo de llevar a cabo. Tenía que acceder a la jaula del hipopótamo, que estaba encerrado injustamente en el zoo y conducirlo con mesura hacia la cercanía de la plaza pública del pueblo. Era buena hora. Casi las doce del mediodía. La plaza estaba muy transitada. Hacía buena temperatura, los políticos estaban de mitin, los trabajadores manifestándose en huelga y el resto parecía ir a su bola.
Así que puse el hierro de marcar ganado bravo al fuego, hasta que se pusiera al rojo vivo. Una sonrisa terrible afloraba a mi rostro cadavérico, mientras el hipopótamo me ofrecía sus cuartos traseros con toda la inocencia del mundo, ignorando el tremendo dolor que estaba a punto de padecer, je, je.
Mes: octubre 2010
En Escritos también tenemos un Cine donde exhibimos películas de alto standing, ja ja. En este caso, "300".
Efectivamente. En mi humilde y tétrica hacienda, también disponemos de un recinto conocido por cine, donde cualquiera de nuestros visitantes insignes pueden acercarse a él para ver una película de buen nivel. Tras el pago previo de cien euros para la entrada, y una vez debidamente ocupada la butaca correspondiente, se apagan las luces para presenciar con más de tres años de retraso, la espectacular película de los “300”. Hoy los primeros espectadores son los hermanos Pechugaza Exquisitos a la Parrilla. Son dos primos de Pechuga de Pollo Mutante, que les ha convencido para asistir a la “Premier”, je, je.
Por cierto, el cine llevaba un tiempo sin usarse, así que mi mayordomo Dominique se ha encargado de quitar el polvo y de sujetar con firmeza un espectacular rótulo con el título de la película de cien kilos de peso sobre la marquesina de la entrada.
Asesinos ficticios: Genoveva Ducrati Tisdale, la Asesina de Pésimos Actores de Teatro. (Fictional Murderers: Genoveva Ducrati Tisdale, Assassin of bad actors in the theater).
Genoveva Ducrati Tisdale, nacida en la discreta localidad de Broken Fields, en el estado de Nueva York, en el año 1868. La fecha en concreto es una incógnita. Sus padres la dejaron abandonada a la puerta de la mansión de la ilustre estirpe de los Morrisbeg, quienes a su vez ordenaron a una de las criadas que llevara a la recién nacida ante la entrada principal del hospicio de la citada población neoyorquina. Se tiene constancia que la criatura pasó gran parte de la infancia entre las paredes de la institución caritativa, sobreviviendo a las epidemias de la época como las paperas, la viruela y la gripe, enfermedades en gran medida causantes de la elevada mortandad infantil de aquella segunda mitad del siglo XIX.
Atraco calamitoso en la América Profunda. (Disastrous robbery in the American heartland).
Vitalidad Zombi (II). (Zombie Vitality -2-).
“Lo mejor Wyngas es que sigas viudo hasta que te llame el Señor”, fue lo último que te dijo cuando la quisiste animar a beber un trago del licor de nuestro alambique.
“Carajo, desde que lo dijo, nadie se muere en estos contornos, ja – le comentó Alejandro a su padre, siguiéndole como si fuese un perrito faldero.
Vitalidad Zombi (I). (Zombie Vitality -1-).
Groncho Wyngas era un viudo granjero zombi de 65 años lleno de vitalidad. No tenía ninguna educación escolar, pero siempre disponía de buenas ideas aún a pesar de lo derretido que tenía por dentro el cerebro.
El niño que quería jugar con Anton. (The boy who wanted to play with Anton).
Anton Todd tenía sesenta años. Hacía poco tiempo que se había jubilado como cocinero, disponiendo ya de la totalidad de las horas que compone un día para sus propias ocupaciones. En este caso, podría ya concentrarse enteramente en su colección de libros filosóficos acumulados a lo largo de los años en los estantes de su biblioteca personal. Era soltero, y parte de la soledad la solucionaba de ese modo, en la intensa lectura, complementándola con consultas exhaustivas en el ordenador conectado a internet, actualizando los conceptos que más le fascinaban con autores más contemporáneos que los habidos en los libros.
Empujó la puerta con ambas manos y entró en la casa.
La primera foto tomada con el teléfono móvil encontrado en un abandonado callejón sin salida.
Ayer, mientras salíamos de marcha por las zonas más escabrosas y depravadas de la urbe, mi sobrinito Gurmesindo se fijó en un objeto de gran valor tirado de mala manera entre dos cubos de basura. Me lo acercó y ¡caramba!, era un móvil de última generación de la marca Gothic. Su dueño, un insensato sin duda, lo debió de perder. Inmediatamente lo pirateamos, formateando la memoria de 5 gigabytes y sin más, decidimos estrenar su función como cámara en plena fase lunar. El sitio elegido, el cementerio familiar de los Maléficos. Gurmesindo mantuvo el pulso muy firme, obteniéndose esta imagen nítida donde se me observa de lo más fotogénico.
Por cierto, si estoy un pelín paliducho es porque esa noche estuve bebiendo sangría, en vez de sangre, je je.
Todo por una botella de buen vino. (All for a good bottle of wine).
Este relato va dedicado a la compañera Camomila, y a su blog “El Rinconcito de Camomila”.
Antoine De le Pierre, como buen descendiente de familia francesa asentada en los Estados Unidos, era un devoto consumidor de vino. Eso sí, nada relacionado con el BUEN vino. Se conformaba con el distribuido en los supermercados envasados en cajas de Tetra Brik. Vamos, lo más barato del mercado. Que sus bolsillos estaban casi llenos de telarañas. El pobre hombre era joven, cierto. No superaba la treintena. Había hecho carrera universitaria. Su tesis de final de curso sobre la escasez de víveres en el Peloponeso del año mil ciento dos antes de Jesucristo obtuvo un Cum Laude a secas. Estaba soltero a pesar de ser un personaje ligeramente atractivo (al menos así se lo parecía a la casera que le doblaba en edad, en peso y era originaria de Azerbaiyán). Y no estaba desempleado. Trabajaba como escritor de artículos online. Escribía mucho. La mayoría escritos sin ton ni son, pero a base de un promedio de quince micro relatos diarios, generaba unas visitas mensuales que le suponían setecientos dólares mensuales limpios de polvo y paja, cantidad no muy elevada como salario, pero que le servía para vivir al día hasta que llegara el momento que el sol saliera en todo lo alto para iluminar su suerte de lleno. Así que el único vicio confesable de Antoine era el vino de un litro envasado. Bebía todos los días dicha cantidad repartida entre el desayuno, la comida y la cena. Y entre cada acto gastronómico, con los ánimos renovados por los grados etílicos ingeridos, redactaba sus trabajos como escritor de medio pelo. Así era su vida.
Un nuevo Premio para Escritos de Pesadilla (de parte de Camomila).
Esa pose de Pechuga de Pollo Mutante está matando con la mirada la visita inapropiada de Bob Esponja.
¡No tengamos en cuenta la reacción desabrida de mi empleado!
En realidad, no es el mencionado Bob, sino el espectacular premio otorgado por la compañera bloguera Camomila.
El majestuoso trofeo lleva la denominación de “Me Encanta Tu Blog”. Es por ello que el Esponja este de mentirijillas está estrujando a conciencia el fular de drag queen en tonos rosas con tanto furor cariñoso…
















