¿Qué ocurriría si Gollum visitara Pamplona?

Mientras la materia gris intenta ponerse nuevamente en marcha en la creación de terribles relatos de terror y misterio, y dado que hay que seguir dándole vidilla a Escritos, mi sobrino Gurmesindo me dio una idea espeluznante. Con la ayuda de un libro de hechizos oscuros y arcanos, podíamos invocar a Gollum fuera de su propio mundo, creado por el genial escritor Tolkien. La intención era trasladarlo a la vida moderna de una ciudad  cosmopolita como lo es Pamplona. Eso hicimos. Gurmesindo lo trasladó al centro comercial donde yo trabajo. A continuación, os expongo las peripecias del eterno llorón de Gollum…


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¡Nuestro Superhéroe Más Peculiar! ¡SUPER ZOMBI!

Se llamaba Eulogio Espárrago Triguero. Era un pamplonica de pro, al que las injusticias sociales le repateaban el hígado cada vez que acompañaba un pincho de pimiento con una copa de pacharán casero.
Una noche, mientras navegaba por internet, descubrió que existían superhéroes de carne y hueso. En principio eran yanquis chalados que emulaban con pocos medios y nulos superpoderes a los héroes más famosos del cómic. Más tarde, la tendencia también se extendió por Europa y el resto del mundo. Eulogio averiguó que en la Vieja Iruña no había nadie que intentara luchar contra el crimen organizado al margen de la ley, así que decidió convertirse en un superhéroe. Adquirió un disfraz con mallas y capa en un todo a un euro. Su nombre artístico iba a ser el de Mega Eulogio, “El del Espárrago Sano y Tierno”.
Pero algo iba a salirle mal. 
En una de sus primeras rondas nocturnas por el Casco Viejo, se topó en un callejón con un llamativo barril que contenía leche caducada desde hacía dos meses. Se ve que un deshonesto propietario de alguno de los locales de hostelería había dejado abandonado el contenido del barril en esa zona donde nunca llegaba la brigada de limpieza.
Mega Eulogio husmeó dentro del barril…
A los pocos segundos se sintió indispuesto, para cinco minutos más tarde transformarse en un zombi.
A partir de ese instante, acababa de nacer un superhéroe de verdad:
¡SÚPER ZOMBI!

Super Zombi vela por los ciudadanos de Pamplona desde lo más alto de los rascacielos del centro de la ciudad. Desde ahí otea el horizonte, en busca de malvados que importunan a las personas honestas sin venir a cuento.

Si acaso alzáis la cabeza, y atisbáis una silueta recortada contra el cielo en lo alto de un edificio del Segundo Ensanche, ¡no hay que temer lo peor! No es ningún suicida que decide acortar su vida por la eliminación del equipo de su amores, Osasuna, a pies de un equipo de segunda B en la primera ronda de la Copa del Rey.
¡Es el más ejemplar de los superhéroes! ¡Es Super Zombi! Su presencia en la azotea del rascacielos más interminable en altura de Pamplona se debe a que acaba de reparar en la terrible amenaza de un malvado villano quinientos pisos más abajo.
¡Mirad! Nuestro benefactor vuela en caída libre, decidido a solventar tan delicadísima situación.

Setecientos metros más abajo, un malvado ser está haciendo la vida imposible a los clientes y resto de transeúntes que pasan por delante de la entrada del Supermercado “El Hipopótamo Bailón”. Se trata de un falso pedigüeño, de nombre Porfirio Egunetxea. De siempre ha sido un sujeto apegado a la vagancia más descarada. Está soltero. Tiene treinta años, y como mucho, desea abandonar la casa que comparte con sus padres cuando tenga cincuenta años. Porfirio tiene una vida laboral total de dos horas y media por cuenta de una empresa de trabajo temporal, ejercidas en el año 2002. Desde entonces vive del cuento, además de intentar recaudar dinero estafando a los clientes del supermercado con su falsa identidad de mendigo.
Porfirio no contaba con la espectacular intervención de Super Zombi. En escasos diez segundos, nuestro ejemplar salvador mordisqueó cincuenta veces en diversas zonas blandas al descarado Porfirio, consiguiendo que desistiera de pedir más limosnas para el resto de su sosa existencia.
Porfirio terminó por rendirse ante Super Zombi. Desde ese día, se convirtió en una especie de animador cultural…


¡Recordad esto, ciudadanos y ciudadanas de la Vieja Pamplona! ¡Nuestra calidad de vida se la debemos a Super Zombi!


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¡Nos invaden los Smileys!

Los Smileys son esas archifamosas pegatinas adorables con la sonrisa bonachona y la carita redondeada amarilla. Ahora también pululan por el mundo virtual e interactivo de Internet. 
Es más, aquí tenemos a una mantecosa pareja. ¡Puaj!

Uno que es el perfecto anfitrión, los invita a conocer a Gerondocio y a Tristoferro, el jugador zombi de Osasuna y el dependiente muerto viviente de la sección de animales del hipermercado de la esquina.


¿Y qué conseguimos con eso?
Un par de SMILEYS ZOMBIS. ¡JA JA JA JAAAAA!



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¡Halloween en Escritos! "Más vale aceptar el juego del Truco o Trato…".

(¡TA-TA-TA-TAMMMM…! Música tenebrosa de fondo para los créditos iniciales antes de la representación).

Robert, “El Maléfico”: Mientras seguimos bebiendo sangría barata y engullendo canapés variados, va a tener lugar la segunda representación teatral a cargo de Croqueta Andarina y Bogus Bogus como actores principales. En ella, vamos a hacer una versión escalofriante y terrible del Truco o Trato de Halloween. Allá vamos. (Narrando): Es noche de Halloween del año 2010. Como es tradicional, los niños van disfrazados a las casas de los vecinos esperando recibir caramelos, rojas manzanas caramelizadas o pastelitos. Es el Truco o Trato. Normalmente, si cumples con el “trato”, dándoles las chucherías, se van contentos. Si eres un vecino antipático, y no se les entrega nada, emplean el “truco”, que es mancharte la puerta y las ventanas con espuma, huevos e inclusive escupitajos grumosos, ejem… En este caso no es un niño quien va puerta a puerta en busca de caramelos. Es un Espíritu Travieso, que quiere aplicar el Truco o Trato original, procedente de las antiguas leyendas irlandesas. Si el dueño de la hacienda no atiende sus peticiones, le hará la vida imposible, desde crear un “poltergeist” en la casa, hasta poner enfermo al inquilino, con terribles dolores de barriga, de cabeza, etc… Para incomodidad de nuestro “Espíritu Travieso”, resulta que visita la dirección de una persona de lo más impresentable…

Croqueta Andarina (“Espíritu Travieso”): ¡Huy! ¡Esta debe de ser la casa! ¡Ya se ve que el dueño nada en la abundancia! Voy a tocar el timbre.
(“ding”, “dong”)
(Se abre la puerta)
Bogus Bogus (“El Inquilino de la casa”): ¡Hum! Vaya. Un niño gordo y redondo, disfrazado de albóndiga. Me imagino que vienes a por dulces. Pues la llevas clara.
Croqueta Andarina (“Espíritu Travieso”): ¡Hola, buen hombre! No soy ningún niño. Soy un duendecillo irlandés residiendo ilegalmente en los Estados Unidos. Vengo a pedirle un favorcillo. No es nada del otro mundo. En cuanto satisfagas mis deseos, me iré para Irlanda de nuevo, eso sí, más contento que unas pascuas.

Bogus Bogus (“El Inquilino de la casa”): ¿Y si no me da la gana, pequeño renacuajo?
Croqueta Andarina (“Espíritu Travieso”): Yo de ti lo haría. Si no, aténte a las consecuencias, ja ja. Pero no creo que llegaremos a tal extremo. Se te ve que tienes un gran corazón.
Bogus Bogus (“El Inquilino de la casa”): No se si corazón, pero tengo un estilazo de pateador de fútbol americano bastante estimable. Para muestra un botón, ja, ja. ¡Albóndiga voladora con destino a Las Bahamas, jo, jo, jo!


(El pobre “Espíritu Travieso” tardó un rato en recuperarse del aterrizaje forzoso en pleno charco, situado a noventa yardas de la dichosa casa del inquilino antipático. Cuando lo hizo, regresó, furioso, dispuesto a hacer uso de sus artes como duende tocapelotas con el dueño de la vivienda unifamiliar, quien en ese preciso instante estaba durmiendo con la placidez de un oso polar en pleno invierno).
Croqueta Andarina (“Espíritu Travieso”): ¡Será desgraciado el tío! ¡De momento no ha aceptado el trato que le proponía! ¡Pues ahora va a tener Truco hasta aburrirse! (El “Espíritu Travieso” saca de la nada una varita mágica y empieza a recitar:) ¿No quieres que se te moleste, siquiera en Halloween, que es tradición? ¡Pues toma, tunante, unos zombis con mucha marcha que aparezcan frente a la ventana de tu habitación! No te van a cantar ninguna serenata, si no más bien lo contrario.


(El “Espíritu Travieso” no estaba satisfecho con la invasión zombi. Aquél sujeto se merecía mayores tormentos…).
Croqueta Andarina (“Espíritu Travieso”): ¡Bien, la musica de fondo de los muertos vivientes, mola! ¡Pero más lo hará si de repente en tu cuarto surge un elefante del Circo Popof, y no cesa de barritar con la trompa, “hola”!
Bogus Bogus (“El Inquilino de la casa”): ¡Mi madre! ¡Así no hay quién duerma!


(Aún así, el “Espíritu Travieso” consideraba de escasa envergadura el malestar nocturno que le estaba causando, así que prosiguió agitando su varita mágica).
Croqueta Andarina (“Espíritu Travieso”): ¡Nada, si con todo esto, aún consigues conciliar una pequeña pesadilla, tengo lo definitivo para que no pegues ojo en meses, tío chulo! ¡Aquí lo tienes, y es lo que te mereces por la patada que me has dado en el culo!


Croqueta Andarina (“Espíritu Travieso”): Pues nada, majo. Que eres uno de mis autores favoritos de Novela Rosa, y me consideraría muy afortunado si me dedicaras con un autógrafo el último libro que acabas de publicar el mes pasado…


Robert, “El Maléfico” (narrador): De este modo, el inquilino de la casa selló el trato con el Espíritu Travieso y pudo dormir de un tirón cuarenta y ocho horas seguidas.

FIN

Pechuga de Pollo Mutante (Abraham Lincoln): ¡NOOO! ¡Basta! ¡Que se termine la fiesta de una vez! ¡Se está mancillando el espíritu de Halloween con estas historietas tan aberrantes!



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¡Halloween en Escritos! "La leyenda falsa del Irlandés Golfo".

(Tarari- tarará, música de fondo para los créditos iniciales antes de la representación).

Robert, “El Maléfico”: Estimados lectores. Iniciamos la velada con una versión muy libre y poco fiel del supuesto origen de la famosa calabaza de Halloween, conocida como “Jack O´Lantern”. En este caso la procedencia de nuestro personaje también es irlandesa. Se llama Mick Sanders. Tiene una edad avanzada…
Dominique: ¡Protesto! ¡No soy tan viejo!
Robert, “El Maléfico” (narrador): Está bien. Omitamos su edad. El citado Mick es un holgazán de mucho cuidado. No trabaja. Vive a expensas de su hermana, pues sus padres hace unos cuantos años que estiraron la pata. En pleno período de crisis, la familia Sanders ha de tirar con unos cincuenta euros mensuales, procedente de la mendicidad de Sandy, la hermana del bribón de Mick, quien espera en la entrada de los supermercados a que los clientes le suelten alguna que otra moneda. El problema viene cuando Mick, que bebe más de la cuenta, vacía la hucha para gastarse los escasos euros en cerveza irlandesa más falsa que Judas, de procedencia chipriota. Poco le importa lo escuálida que está Sandy, ni lo debilucha por la dieta diaria de sopa de nabo con tropezones de pan birlado en el parque a las palomas. ¡Menuda vergüenza!
Dominique (“El Irlandés Golfo “): Bueno, hermana. ¡Hics…! Lo he pasado superdivertido en la taberna. Hasta he invitado a una ronda a los muchachos, ¡hics…! Eso representará que tendremos que estar un par de días sin poder probar ni medio bocado. Mira la parte positiva, ¡hics…! Al menos conservaremos la figura, je, je. Ahora me voy a echar una merecida siesta, para que se me pasen en parte los efectos del alcohol…¡hics…!
Robert, “El Maléfico” (narrador): El comportamiento bochornoso de Mick no tardó en llegar a oídos de un terrible diablillo. Este ser horrible quería ascender en el escalafón infernal, y para ello debía de recolectar unas cuantas almas perdidas. Así que no dudó ni un instante en recordarle a Mick que su destino era pasarlas canutas en un sitio donde nunca se apagaba la calefacción.

Sobrinete Gurmesindo (“Diablillo): ¿Será posible lo que contemplan mis ojos, además de mi cornamenta? ¡No solo no pegas ni golpe, si no que encima malgastas los escasos ahorros conseguidos por tu querida hermana en mala cerveza de importación, para luego sin reparos, dormir la mona en esta hamaca! Querido Micky, te has hecho acreedor de dejar ya este mundo, facundo, para condenarte eternamente en el Infierno.
Dominique (“El Irlandés Golfo): (despertándose de la siesta) ¡Oh! ¡Hiccs…! ¿Qué tenemos aquí? Un mocosillo que ha tomado demasiado sol en la playa, ja ja. Estás rojo como un cangrejo, ¡Hiccss…!
Sobrinete Gurmesindo (“Diablillo”): (visiblemente enojado) ¡A ver si te enteras que soy un diablo, y que vengo a llevarte conmigo al Infierno, leñe!
Dominique (“El Irlandés Golfo”): (dándose por fin cuenta de la situación) ¡Oh, no! ¡Qué horror! ¡Hicsss…! Por lo menos me permitirás un último deseo antes de abandonar este mundo de vivos.
Sobrinete Gurmesindo (“Diablillo”): Vale. Con tal de llevarte conmigo… (Pensativo) Pero pidas lo que pidas, nada te librará de tu merecido castigo. Así que desembucha de una vez lo que quieres.
Dominique (“El Irlandés Golfo”): ¡Una verdadera cerveza de origen irlandés! ¡Es más, quiero que tú te conviertas en la botella de cerveza! Eso garantizará que es de buena calidad, ¡hiccss…!
(En este preciso momento se escucha una protesta entre los asistentes a la representación. Es Pechuga de Pollo Mutante, que se ha disfrazado para la ocasión de Abraham Lincoln:)
 

Pechuga de Pollo Mutante (Abraham Lincoln): ¡Una cosa es que hagais una versión libre del origen de la calabaza, pero de ahí a este desmadre…! Se supone que el protagonista pide una última ronda, a costa del demonio. Y al no tener dinero, le convence para que se convierta en una moneda, nunca en una cerveza, caramba. De ese modo evita ir al infierno al meter al demonio en forma de moneda en el bolsillo, donde un crucifijo le impide salir de ahí. A cambio de salir, el demonio le concede otro plazo de un año antes de llevárselo consigo. Finalmente, el tío engaña otra vez al demonio, consiguiendo esta vez diez años de vida extra, pero aún así la palma antes de consumirlos. Cuando sube al Cielo, no lo quieren ver ni en pintura, y el diablo, como hizo el acuerdo de los diez años, tampoco lo puede admitir en el infierno, así que le da lumbre para que pueda guiarse por los caminos habidos entre el bien y el mal. En principio fue un nabo hueco, hasta que se adoptó la calabaza iluminada con la vela.
Robert, “El Maléfico” (narrador): Pechuga, ¿ya te has quedado a gusto?
Pechuga de Pollo Mutante: Más o menos. Es que si no lo suelto, se me produciría un corte de digestión ante semejante obra tan cutre.
Robert, “El Maléfico” (narrador): Pues retomemos el momento en que el vivales de Mick le pide al diablillo…

Dominique (“El Irlandés Golfo”): ¡Transfórmate en una cerveza irlandesa!
Sobrinete Gurmesindo (“Diablillo”): ¡HECHO!
Dominique (“El Irlandés Golfo”): Pues nada, chaval, ¡hiccsss…! Has picado como un novato. ¡Hala, ahí te mando para que te reciclen!

Robert, “El Maléfico” (narrador): Y así fue como finalmente el pelanas de Mick se nos libró de visitar el infierno antes de tiempo.

FIN


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¡Halloween en Escritos de Pesadilla Por Fin!

Je, je. La fiestecita va a da comienzo en un santiamén. Ya todos los miembros de esta pequeña familia aterradora de Escritos estamos disfrazados. Pronto nos reuniremos en el patio central del castillo, a la simple lumbre de unas antorchas portadas por mis lacayos zombis. Ahí degustaremos el buffet preparado por Bogus Bogus, para a continuación hacer dos representaciones teatrales con clara referencia directa a Halloween.
En fin. Ahora os dejo. Seguro que me están esperando con ganas. Ya saben. Soy el jefazo, y nada comienza sin mi previa autorización personal.
Por cierto, espero que mi atuendo de E.T. cause furor en la gala. El dedo fosforescente se ilumina con una pila plana que me ha costado un dineral: cinco eurazos, ¡¡¡uff!!!!


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¡Ya queda poco para Halloween! En Escritos nos estamos preparando para la llegada de tan gozosa fecha.

Como un anticipo de Halloween, un par de chistes gráficos “made in Escritos”.
En el primero aparecen Croqueta Andarina y mi adorable sobrinete Gurmesindo durante su salida nocturna del año pasado.
En el segundo, bueno… Mejor que lo vean y lo lean ustedes mismos, je, je.


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