Ya falta poquito para el chupinazo del mediodía del 6 de julio. Como el resto de la ciudadanía pamplonica, quienes vivimos en el castillo de Escritos, estamos dispuestos a vivir la fiesta a tope. Puede que hasta haya absentismo laboral (y mira que les pago una pasada de sueldo como para que la tropa se me escaquee vilmente), empalmadas a deshoras, resacas eternas, dolores de tripas intensísimos e infecciones de pulgas, garrapatas, piojos y toda clase de insectos parasitarios a mansalva. Pero en fin, todo sea por unos días. Mientras llega el día D, os dejamos algunas perlas bosquejadas a brocha gorda para que el blog esté ultramono y os llegue ya el preludio de la fiesta a todos los visitantes que tienen a bien dejarse caer por este rinconcito del horror más malévolo.
escritos de pesadilla
¡Momentos de Alta Tensión en Escritos de Pesadilla!
Bueno, los lectores asiduos a nuestro pequeño rincón del terror ya son conocedores del terrible atraco que sufrimos hace dos días por parte de un caco desalmado. Cuando Pechuga de Pollo Mutante, mi fiel Guardaespaldas y Agente Implacable de Seguridad estaba a punto de cazarlo, surgió un invitado con cierta tendencia a la glotonería y se merendó tanto al ladrón de villa estrecha, como al saco que contenía el dinero con el que yo, el jefazo de esta empresa diabólica, tenía pensado pagar a mis sirvientes en los siguientes cien años.
La responsable del terrible desaguisado, la Masa Devoradora y Gelatinosa…
Desde ese momento de enorme desdicha, con la Reforma Laboral pegando con saña de boxeador de pesos pesados por todo el país, y por ende en mi castillo con respecto a mis empleados, se vivía una situación de alta tensión y desmoralización generalizada. Menos que tengo a la simpática y supersexy Croqueta Andarina, dispuesta a subir un poco los ánimos a la pandilla con sus lindas y graciosas ocurrencias, je-je.
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¡Un caco asalta la caja fuerte de Escritos de Pesadilla!
Ha sucedido un hecho terrorífico en el castillo de Escritos. Un ladrón ha reventado la caja fuerte, y ya no podremos comprarnos el TDT para así poder ver mañana por la tele de diez pulgadas el partido del mundial de España contra la vecina Portugal. ¡No hay derecho! ¡Mal rayo le parta!
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Fue divertido mientras duró.
Bueno, queridos lectores de Escritos. Esta ha sido una semana divertida pero a la vez un pelín estresante. Sin venir a cuento, me propuse crear un relato en una semana, por capítulos, simulando lo que sería un argumento para una película barata de terror de serie B. En ello iba también prefijado la bendita improvisación sobre la marcha, como si el guión nunca hubiera existido y hubiera que ir escribiendo las escenas según el presupuesto y la calidad de los actores, si es que acaso estos la tuvieran, je, je.
El presupuesto final empleado para tal superproducción ha sido de 695,12 dólares.
Como habrán podido comprobar, en Escritos nos hemos ajustado los gastos al mínimo. También es cierto que en las primeras escenas se nos fue la mano con el dinero, llegando a las últimas con lo puesto.
Bueno, esto también es broma.
Simplemente comentar que ha sido un experimento que no repetiré en una buena temporada. Jamás he posteado tanto con tanta frecuencia. Y es agotador. Recordemos que estamos hablando de escribir historias, y si la imaginación y las ganas no van juntas de la mano, sin tener en cuenta la calidad de lo escrito, je je, uno lo tiene crudo para darle a las teclas.
Evidentemente, he de decir, para mi gusto, que no es mi obra maestra. “La sacudida del alma” cojea en varias fases, pero fue creada con el fin de emular a un film de escaso presupuesto, como un sentido homenaje para todos los cineastas que viven estas situaciones con sus primeras producciones hasta dar el oportuno saltito a la fama.
Por lo demás, mis estimados visitantes, os informo que “La sacudida del alma” está ya disponible en la pestaña correspondiente de la cabecera de Escritos. Los capítulos están enlazados en un único escrito y no están reflejados los comentarios diarios del rodaje. Así quien quiera leerlo de un tirón, lo tiene al alcance de un clic.
Mi agradecimiento por vuestra paciencia en esta semana, que se os ha atosigado con tanto capítulo, y nos seguimos leyendo muy prontito.
Un mordiscazo sangriento.
Robert, “El Maléfico”.
Una producción de bajo presupuesto. ¡Y tanto…!
Escribiendo un relato de terror con la ayuda de mi sobrino Gurmesindo
Día de Luto Gordo en Escritos de Pesadilla por la muerte del primo de Croqueta Andarina.
Dada la muerte inesperada del primo Edgar de Croqueta Andarina, hemos decido detener hoy el rodaje de la peli de serie B, “La Sacudida del Alma”. Mañana retomaremos la grabación de la siguiente escena. Mientras, guardemos dos horas de silencio por tan terrible pérdida.
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Mundial 2010 Sudáfrica. Tras perder ante Suiza, los protagonistas de Escritos salimos al escenario para animar algo el cotarro.
Ha comenzado el Mundial 2010 de Sudáfrica para España, y la realidad es que nos hemos llevado un disgustazo como un rascacielos de cien pisos de alto. En fin, para quitarnos la mala uva, un par de tiras cómicas donde seguimos apareciendo al natural tan guapotes e irresistibles los habitantes de mi castillo de pesadillas, je je.
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Mi sonrisa en tu rostro (My smile on your face)
“En la noche previa
a la fase final de luna llena,
los hábiles dedos de la hechicera
dan forma al cuerpo de su protector.
Tronco, brazos y piernas,
quedan bien definidos,
mientras la cabeza,
sin rasgos faciales,
buscará su sonrisa
arrebatándosela a algún otro.”
(Hechizo escrito en un opúsculo anónimo fechado en al año 1693, del condado de Cheshire, New Hampshire)
“Mugs” Connors estaba pasando un frío del carajo bajo el ojo del puente. Era entrado el mes de noviembre, tenía pinta de nevar y hacía un grado bajo cero. Afortunadamente estaba al resguardo del fuerte viento helador procedente del norte. Con una fogata y unos buenos cartones de electrodomésticos para taparse, esperaba conciliar el sueño hasta bien entrada la mañana. No tenía ninguna prisa para despertarse. Estaba desempleado desde hacía cinco años, vivía de la caridad y encima tenía cincuenta y un años. Una mala edad para reciclarse y encontrar una ocupación laboral. Durante veinte años había sido cocinero de restaurantes de carretera, pero su alcoholismo le fue descontrolando, hasta perder los nervios con tanta facilidad, como para agredir a sus compañeros de cocina y a las pobres camareras. Su estado civil de soltero era un mal menor. De esa forma, al no haber conformado una familia, no les había hecho pasar por el infierno de su carácter inaguantable.
“Mugs” estaba echado sobre su costado derecho, mirando hacia la pared, ofreciendo la espalda a la hoguera. Percibía el chisporroteo de las ramas. Escupió una flema recia y consistente sobre el suelo, acomodando la cabeza sobre la palma de la mano derecha, dispuesto a dormirse, cuando notó la presencia de un extraño por el sonido de las pisadas de este al adentrarse en el refugio, aproximándose al fuego.
“Mugs” se imaginó que era otro compañero de penurias que buscaba un sitio donde pasar el menor frío posible dentro de lo que cabía al dormir al raso.
Sin volverse, se le dirigió con razonable amabilidad y consideración, dado su mal talante habitual cuando había pasado el día sin poder emborracharse.
– ¿Qué hay, colega? Se tiene frío, ¿eh?
“Puedes pasar aquí la noche. No hay apenas corriente dada la ubicación del jodido puente. Pero confórmate con apretarte al lado del fuego, porque todos los cartones desperdigados me los he apropiado yo para mi confort, je- je.
El recién llegado no dijo ni media palabra. Estuvo unos segundos frente a la fogata, para luego acercársele.
Lo hizo tanto, que “Mugs” sintió las punteras de sus zapatos hincándose en su espalda.
Se indignó de inmediato, arrojando los cartones que le cubrían a modo de manta.
– ¡Maldito tarado! ¡Apártate cinco metros de mi área de descanso, coño! – farfulló, con los ojos circunvalados por patas de gallos, retorciéndose en las cavidades.
Al darse la vuelta, quedó sentado frente al visitante. Quiso ponerse de pie, pero no hizo falta. Aquel intruso aferró su cabeza entre sus enormes manazas, tironeando de él como si fuera un vulgar animal, hasta forzarle a situarse a su misma altura.
“Mugs” se vio situado erguido, con aquellas extremidades colocadas sobre sus orejas. La fuerza era inmensa, y no pudo zafarse en ningún momento.
Sus ojos se encontraron con los del desconocido.
Eran unos ojos ajenos a su propio rostro, porque aquella cosa no tenía una cabeza normal.
(Porque era una creación diabólica, creada por algún tipo de magia negra)
(Hechicería)
(Espíritus protectores)
(Utilizados para el bien o para el mal)
(Fabricados con cera, con forma de figura humana)
(Pero esta fue hecha a tamaño natural)
(Con tronco, brazos y piernas de cera)
(Y una cabeza ovalada, similar a la de una persona)
(Pero de cera)
(Lisa y pulida)
(Carente de rasgos faciales)
(Hasta que el espíritu protector en sí buscara los adornos correspondientes)
Por ahora lucía los globos oculares…
Sí, porque habían sido arrancados de una de sus víctimas preliminares, siendo incrustados en su cara pálida y de textura cerosa.
Y aquella locura de mirada le estaba escrutando con un centímetro de caída con respecto de un ojo al otro.
“Mugs” estaba espantado. Casi envejeció diez años en un instante ante esa demencial visión.
El ser lo miró unos segundos más, antes de arrancarle las orejas…
– ¡Nooo…! ¡Joder! ¡Joderrrrr! – chilló “Mugs” Connors, cayendo al suelo, con la sangre fluyendo por los orificios de los oídos.
El dolor era insoportable. Se llevó ambas manos a las hemorragias, y desde donde estaba sentado sobre sus posaderas, pudo contemplar a aquella temible figura cómo se iba colocando cada una de las orejas que le fueron arrebatadas a cada lado de su cara. No coincidían en la simetría, difiriendo en lo que debería de ser la situación natural en un rostro humano.
– ¡Noo! ¡Dios, cómo duele! – gimió “Mugs” entre lágrimas de pleno sufrimiento físico.
Entonces…
El ser le miró con sus ojos. Estaban mal encajados en su rostro de cera, pero aún así giraron buscándole.
Se dobló hacia delante, agarrándole por la mandíbula, y con la ayuda de una hoja de cuchilla de afeitar, le fue separando los labios,
arrebatándole la sonrisa…
Apetito excesivo (Excessive hunger)
Hoy, desde Escritos de Pesadilla, vamos a rendir un sentido homenaje a las series y pelis denominadas por el sambenito de la letra “B”. Se irán publicando relatos basados en esa temática, recurriendo a unos argumentos de terror exagerados estilo cómic. Hoy estrenamos esta apartado con el cuento titulado: “Apetito excesivo”.
En los inicios tuvo su mucha gracia. De hecho me tronchaba con aquella cosa redonda y de piel dura llena de escamas, toda negra como una enorme canica. Su diminuto orificio me parecía que era el lugar por donde debía de respirar. Pero me confundí a medias, porque vista su hilera de dientes puntiagudos, más bien era su boca, ja-ja.
Ya estamos llegando a la caravana. La tengo estacionada un poco lejos de la zona de donde están el resto. No me gusta tener vecinos curiosos. Ya verán cómo les atraerá el estado en que se encuentra. Y el precio que les ofrezco es de lo más justo.
Yo tendría catorce años. Era ya por aquel entonces un chaval bastante gamberro, así que me llamó la atención ver la cosa redonda negra comiéndose todas las hormigas de una colonia. Estaba ya en la boca del hormiguero, y seguramente que se hubiera incursionado en su interior y se hubiera zampado a la Hormiga Reina. Pero en fin, yo la recogí entre las palmas de las manos y la escudriñé, asombrado. Palpitaba. Era un ser vivo. Raro. Desconocido para mí. No tenía ojos, ni nariz, ni orejas. A excepción del orificio. Por ahí se alimentaba, respiraba y excretaba sus necesidades al mismo tiempo. Vamos, que también hacia su caca, ja-ja.
Me la llevé metida en el bolsillo superior de mi camisa. Al llegar a casa, la puse a buen recaudo dentro de una caja vacía de zapatos, bajo el pie del armario ropero. En ningún momento se me ocurrió mostrársela a nadie. Ni siquiera a mis amiguitos del alma, ja-ja. La cosita era mi tesoro. Un secreto. Y así se mantendría para el resto de la vida, qué carajo.
Hemos cruzado por debajo de la entrada del aparcamiento de caravanas. Ahora tomaremos ese desvío a la derecha, y en cinco minutos estaremos en mi casita.
Aquella cosa me demostró que comía de todo lo que le daba: insectos, marisco deshidratado para los peces, pan duro, caramelos de menta, ja-ja. Y al poco fue creciendo como una esponja empapada. Recuerdo la tarde que capturé una lagartija y se la di. No dejó ni un cachito de la cola siquiera, la muy ladina. Finalmente la caja de zapatos se le hizo pequeña. Así que tuve que esconderla en un saco de arpillera. Llegado a este punto, la sacaba a pasear de noche.
En mi vecindario había animales callejeros. Ya se sabe: gatos, perros, algún hámster… El caso es que fueron desapareciendo hasta no quedar ninguno. Los vecinos pensaron que fue buena labor del servicio de recogida de animales abandonados del ayuntamiento. Mejor para nosotros dos, pensé, ja-ja, ¿a que sí, bolita negra?
Así estuve una temporada, con el saco a cuestas. Me hice mayor de edad y aquella extraordinaria criatura seguía conmigo, creciendo poco a poco de manera endemoniada. Me emancipé de los padres, y alojé a bolita negra en el maletero de mi coche, un viejo Chevy 230 de los 70. Yo me encargaba de salir de caza con mis cuerdas. No vean lo talentoso que soy en las inmovilizaciones de las presas que llevaba a la cosa preciosa que tenía en el maletero. De repente empezaron a echarse en falta algún mocoso de la barriada. Mala suerte. Estamos en una época donde nunca se les debería dejar solos, campando a sus anchas.
Perfecto, señores. Estacionemos aquí. Ahí está la casa rodante, ja-ja. Ya observarán que tiene un gran tamaño y…
¿Pero por qué huyen ustedes? ¡Vuelvan, por Dios!
En fin, no me queda otra que dispararles con la escopeta…
Será posible, bolita negra. Mira que estás volviéndote demasiado impaciente con la comida. Ya no sé dónde meterte para que no te descubran. Te has hecho tan ENORME, que ya no cabes en la caravana. No sé qué voy a hacer contigo.
Aquí te traigo uno de los elementos. Mientras lo digieres, voy a por el otro que está herido de muerte. No debe de andar muy lejos de aquí. Con simplemente seguir el rastro de sangre que está dejando…



















