La sacudida del alma. Capítulo Tres.

LA SACUDIDA DEL ALMA. A Cuchillada Limpia Productions S.L. 2010

Presupuesto destinado a la escena: 50 dólares.
Detalle destacable: uno de los actores secundarios bebió demasiado y tuvo que ser sustituido por el primero que pasaba por las cercanías del bar.



Capítulo 3.

CUATRO CONTRA UNO
                  
                – Quiero un vaso de agua del grifo – el anciano les echó una mirada fría a los cuatro jóvenes de arriba abajo como quien quiere la cosa.
                – Mejor que se nos largue – Carnago Limb se le acercó tanto que casi se tocaban nariz con nariz. – Se lo digo por su propio bien. Este es un local decente.
                – Por eso mismo no me voy. Las camareras agradecen que mis pupilas se dilaten mirándolas, je. – Extrajo dos billetes arrugados de diez dólares del fondo del bolsillo derecho del pantalón.  – No soy ningún vagabundo. El agua es para aclararme la garganta. Luego me pondré a tono con dos whiskies. Tengo el dinero suficiente para más tarde costearme una noche con una de las chicas del pueblo, je. Y encima ganará experiencia conmigo, pues soy un perro muy viejo. No como vosotros. Que aún estáis en la pubertad y os tenéis que conformar encerrándoos en el váter para haceros pajas, ja.
                – ¡Serás puñetero!
                – Puedes vociferar lo que quieras, que no me infundes ningún temor. Porque además tengo un ángel caído que me protege.
                – ¿Quién?
                – Digamos que tiene cuernos, rabo y un tridente, ja. Y que del lugar de donde procede, hace mucho calor durante todo el año.
                – No digas más majaderías – Jackels soltó una imprecación. – ¿De qué manicomio estatal se ha fugado?
                – Cuando mi socio venga a reclamar lo suyo, no os quedará tiempo para risotadas pueblerinas, ja. Lo más seguro es que ni viváis para contarlo – introdujo de nuevo el dinero en el bolsillo. – ¿Una de las niñas me servirá el vaso de agua de una vez? A ser posible, la de la coleta rubia. En la cama tiene que hacer virguerías, je.
                Carnago Limb hizo formar a sus tres compañeros en un círculo, les comentó tres frases en voz baja, recibiendo respuestas afirmativas. Disolvieron la reunión y se volvió de cara al hombre mayor.
                – Claro que te vamos a servir… – Escogió un cuchillo del fregadero. – ¡Agarradlo fuerte y conducidle a la bodega…!
(continuará…)


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